El país entero está sufriendo una crisis económica interminable cuyo final, sinceramente, no se vislumbra en el horizonte. Cientos de miles de personas sobreviven día a día sin trabajo y, como resulta tan complicado ser positivo entre tanta negatividad, la gente salió a la calle para escenificar una infinita marea roja que aplaudió y gritó al paso de la selección, la gran alegría de España en estos tiempos tan difíciles.
Tras finalizar la visita a La Zarzuela, el autobús descapotable de la selección inició su recorrido para compartir su reciente Eurocopa y el hecho de que ya pueden considerarse la mejor selección del mundo con la triple corona. Antes de que pasasen por Moncloa, miles de personas ya llenaban la gran vía, aunque estuviese formadas por tres (Princesa, Gran Vía, Alcalá), que les dejaría en la Plaza de Cibeles, el posterior epicentro del cachondeo. Subido a un soporte privilegiado, quien escribe observó la entrada de La Roja en Princesa. El murmullo previo se convirtió en un griterío espectacular con ciudadanos de todas las edades y procedencias cantando aquello de “¡Campeones, campeones, oe, oe, oe”!, “¡Sí, sí, la sí, la Copa ya está aquí!”, “¡Que viva España!” o “¡Iker, Iker!” para referirse a un Iker Casillas que viajó todo el trayecto sentado en la parte de atrás, capturando el cariño recibido para devolverlo con una constante mirada de agradecimiento.
Al frente del autobús estaban los Xavi, Torres, Llorente, Javi Martínez, Mata, Busquets o Piqué. Casillas, Xabi Alonso, Ramos y Arbeloa se situaron al fondo del vehículo y el resto se movía entre medias con Reina como agitador de masas, mientras Iniesta parecía un muñeco de cera ataviado con un sombrero muy español. Los futbolistas no dejaron de saludar, intercambiando gestos victoriosos y cómplices con una afición entregada. Les vitorearon a ras de suelo, elevados sobre cualquier superficie, desde las ventanas de numerosos edificios e incluso en lo alto de las azoteas. Cuando el capitán, Mata, Reina, Torres o quien fuese elevaba la Eurocopa, la calle rugía como los coliseos en la época romana ante sus gladiadores, ídolos deportivos y humanos por todo lo que representan. No sólo son la mejor selección de todos los tiempos. También han demostrado que a base de unión y sacrificio, el talento tiene recompensa. Quien no vea esto, debería hacérselo mirar.
Dejémonos de demagogias. Ellos no tienen que arreglar el caos en el vive España desde hace demasiado tiempo. Esta tarea le corresponde a la clase política. Mientras ésta se sacaba ayer la foto en Kiev, los jugadores de Del Bosque ejercitaron su profesionalidad futbolística, luchando por ser los mejores en lo suyo y tan motivados como conscientes por esos cuarenta millones de personas que hoy habrían salido a la calle, si hubiesen podido, para regalarles una sonrisa, sintiéndose orgullosos por tantas satisfacciones seguidas. Iniesta resumió perfectamente el triunfo de La Roja cuando se subió al escenario de Cibeles para continuar el baño de multitudes tras dos horas y media de paseo por Madrid, una metáfora del pueblo español. Sí, sí, ellos querían la Eurocopa y la han logrado, pero el orgullo de haber hecho felices a tantas personas vale más que cualquier título europeo o triple corona. Ojalá esta sensación nunca desaparezca.